Vuitanta anys de la prohibició del Carnaval

El cartell del Carnaval de Reus d’enguany —potser sense cap voluntat de ser-ho— pot esdevenir una mena d’acte de justícia poètica en un moment en que es commemoren els vuitanta anys de la seva prohibició per part del franquisme. Efectivament, la dictadura odiava el carnaval com a festa perillosa, que identificava amb la llibertat, la transgressió, la crítica i la burla, especialment pel que fa a les institucions religioses. El carnaval era la festa dels rojos.

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El 3 de febrer de 1937, en plena Guerra Civil, es promulgava aquesta ordre, adreçada als governadors civils dels territoris ocupats pels franquistes:

«En atención a las circunstancias excepcionales porque atraviesa el país, momentos que aconsejan un retraimiento en la exteriorización de las alegrías internas, que se compaginan mal con la vida de sacrificios que debemos llevar, atentos solamente a que nada falte a nuestros hermanos que velando por el honor y la salvación de España luchan en el frente con tanto heroísmo como abnegación y entusiasmo, este Gobierno General ha resuelto suspender en absoluto las fiestas de Carnaval.
Y a estos efectos encarezco a V.E. tome las disposiciones oportunas para su más exacto cumplimiento, evitando pueda celebrarse ninguna clase de estas fiestas en días tan señalados en los que nuestro pensamiento debe de estar de corazón al lado de los que sufren los rigores de la guerra y de los que ofrendan su vida en defensa de nuestra santa causa de redención.» (BOE, 5/2/1937)

Hom pot pensar que la mesura era excepcional, motivada per les circumstàncies, però el cert és que, un cop acabada la guerra, es va ratificar. Els primers anys del franquisme es caracteritzaren per una implacable persecució contra tota mena de manifestació festiva que fes olor de carnaval. Així, acabada la guerra, el ministerio de la Gobernación prohibia explícitament la celebració:

«Orden resolviendo mantener la prohibición absoluta de la celebración de las fiestas del Carnaval.
Suspendidas en años anteriores las llamadas fiestas de Carnaval y no existiendo razones que aconsejen rectificar dicha decisión.Este Ministerio ha resuelto mantenerla y recordar a todas las Autoridades dependientes de él, la prohibición absoluta de la celebración de tales fiestas.
Madrid, 12 de enero de 1940. Serrano Suñer» (BOE 13/1/1940)

A partir d’aquest moment, són els governadors civils els qui, d’any en any, recorden la prohibició de la festa, com publica el Diario Español, el 2 de febrer de 1941:

«Suspendidas las llamadas fiestas de carnaval por orden de 3 de febrero de 1937 que, por otras disposiciones, fué sucesivamente mantenida en vigor para cada uno de los años pasados, sin que en el actual hayan variado sustancialmente algunas de als circunstancias que aconsejaron entonces la adopción de tan discreta como anunciada medida.
Este Ministerio ha tenido a bien que continue aquella suspensión sin concreción de plazo, esto es, por tiempo indefinido, no pudiendo en consecuencia celebrarse fiesta alguna que exteriorice en cualquier forma aquel carácter, desde el domingo de Sexaguésima hasta el primero de Cuaresma, que corresponde a este año a los días 16 de febrero al 2 de marzo, ambos inclusive, ni autorizarse durante estos 15 días el uso de dominós, caretas o disfraces en las calles y lugares públicos, ni en los cafés, casinos y círculos de todas clases los bailes que periódicamente acostumbraban a organizar con tal motivo, con la sola excepción de aquellos establecimientos que, por su especial índole, tienen permiso para celebrarlos diariamente, pero aún estos no podrán anunciarlos al público como bailes de carnaval, ni introducir en ellos variación alguna que directa o indirectamente pueda revelar el propósito de conmemorar tales fiestas»

Aquesta fórmula es repetirà durant força temps. Mentrestant, a les esglésies se celebraven oficis —«solemne triduo de desagravio del Carnaval»— per si de cas. Els balls no permesos —i els autoritzats, si s’havien emprat disfresses— eren investigats i objecte de multes. Els ajuntaments havien de tenir cura d’evitar la seva realització, «cuidando muy escrupulosamente los señores Alcaldes y demás agentes de mi autoridad de impedir el uso de disfraces, bailes, etc y cuantos signos y manifestaciones formaron parte de dichas fiestas paganas» (1943):

«Reus,19. — Por la Alcaidía, se ha hecho público, el bando del gobernador civil, prohibiendo rigurosamente la celebración de toda clase de fiestas y actos carnavalescos.» (La Vanguardia, 20/2/1944)

El cert és que, en algunes poblacions, la permissivitat municipal va permetre una discreta recuperació del Carnaval, transformat en «Fiestas de Invierno» o limitat a balls de saló, sense cap mena de publicitat. Alguns pobles, però, van tenir més sort que d’altres: alcaldes destituïts o prohibició, durant un temps, de celebrar balls i espectacles als locals de societats en són les conseqüències.

Les successives ordres només autoritzen balls «desprovistos completamente de cualquier modalidad que implique lo más insignificante de los actos de Carnaval suspendidos indefinidamente» (1944), «ni que los bailes autorizados o que pudieran autorizarse se anuncien como ‘bailes de Máscaras’ ni en modo alguno revelar directa o indirectamente manifestación alguna carnestolenda» (1945) i continuen en els anys següents.

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Partcipants en un ball de Carnaval, a Reus, el diumenge 8 de febrer de 1948

A la dècada de 1950, la prohibició formal es manté, tot i que a la pràctica es relaxa: «pudiendo los centros y locales de espectáculos, previa autorización de mi Autoridad, celebrarlos con trajes regionales, sin antifaz» (1955). De fet, els balls de disfresses en espais tancats ja sovintegen a finals de la dècada de 1940 i, segons els indrets, alguna persona o grup s’atreveix a sortir al carrer. En el cas reusenc, Antoni Zaragoza, aporta el testimoni d’una festa el 1952. Un apunt reusenc al Diario Español, el febrer de 1960, descriu així la situació:

«Parece que la gente no quiere perder la oportunidad de divertirse. Y aprovecha esta que le brinda la costumbre, impuesta por muchos años y, con cenas y bailoteo, celebra los últimos días de carnaval. No sé si encontrando a faltar o no los disfraces. Si la gente comiendo, bebiendo y bailando logra sentirse feliz, ya es mucho lograr.»

Però el carnaval reusenc, malgrat que els balls i la canalla disfressada sovintejaran cada cop més, no retornarà plenament al carrer fins al 1978, ja mort el dictador

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Dinamitzador cultural. Membre fundador de l'associació Carrutxa (centre de documentació del patrimoni i la memòria). Treballo a l'Ajuntament de Reus (Cultura). Visc entre Reus i Albarca.
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